ELECCIONES EN EL CTA

Publicado en por LA MILITANCIA

En estos días mucho se ha dicho, escrito, trasmitido y grabado sobre las elecciones internas de la CTA, algunas han sido opiniones interesantes de gente que ha acompañado el proceso de la Central y que conoce a fondo varios de sus vericuetos, otras se han quedado en la periferia y han nadado apenas en la superficie. Quizás el principal problema para ir más profundo sea que la coyuntura o la exasperación obliga a que los análisis vuelen pasando de largo algunos puntos interesantes. En principio y para ir acercándome a algunas cuestiones que creo son de fondo me gustaría descartar dos juicios que he leído por ahí, el primero es que en estos comicios el hecho de que los votos de Milagro Sala hayan terminando siendo tan importantes como lo son, implica que la CTA abandona su lógica principalmente sindical. Plantear esto no solo es desconocer que la Central siempre tuvo como norte ir más allá de las organizaciones gremiales y que hace mucho tiempo que los Movimientos Sociales ocupan un lugar destacado en su seno, sino olvidar que en esta Argentina de hoy casi el 40% de los trabajadores trabaja en negro, se gana la vida haciendo changas y jamás tuvo otra forma de organizarse que no fuera dentro de algún movimiento barrial... si es que lo hizo. El segundo argumento que dejo de lado es el que reza que esta ha sido una interna del progresismo que se ha dirimido entre Sabbatella con Pino Solanas. Esta idea es muy cómoda pero ignora las prácticas de la Central y en especial la historia de los dos dirigentes que encabezaron las listas 1 y 10 respectivamente, a quienes difícilmente los veo como apéndices de Nuevo Encuentro o Proyecto Sur, aún cuando estén vinculados a ellos. Ahora ¿por qué se han dicho estas cosas? creo que hay dos motivos centrales: uno es que existe un fuerte rechazo de varios sectores hacia los movimiento sociales a quienes no se ve como emergentes de la realidad nacional sino como competidores y arribistas políticos; la otra es que algunos necesitaban encontrar en estas elecciones de la CTA la confirmación que el humor político ha cambiado, esperando verificar que el "mejoramiento de imagen de Néstor y Cristina" iba más allá de las encuestas de opinión. En vez de eso desde el viernes que ha caído sobre ellos la sombra angustiosa del 28-J y esto los ha llevado a ningunear la realidad y proclamar que solo la CGT representa a los trabajadores o bromear con demoler la mitad de las viviendas que Salas ha construido en Jujuy con apoyo del gobierno nacional. Gane quien gane, cuando finalmente la Junta Electoral se expida, lo que nadie va a poder negar es que en estas elecciones participaron muchísimos menos afiliados de los que se esperaba y que los 500.000 que, apenas terminado el comicio, decía la Lista 10 que habían votado, se redujeron primero a 270.00 y luego a algo más de 230.000. En este sentido, cuando ayer le preguntaba a una delegada de la UEPC (Lista 10) por qué no votaron más docentes en Córdoba la respuesta fue sencilla: "Se nos hizo muy difícil motivar a las compañeras a votar, incluso por Yasky a quien respetan mucho, en una organización que ven muy lejana a sus cosas cotidianas y que encima está alineada con Kirchner que en Córdoba tiene menos del 8% de intención de voto". (Dije que la respuesta era sencilla, pero de tan evidente la había pasado por alto hasta que me la dijeron con todas las letras.) A esa primera aproximación muy local después se le sumaron otros que me plantearon que en Provincia de Buenos Aires habían esperado el apoyo masivo de las cooperativas del Plan Argentina Trabaja pero tarde se dieron cuenta que esas cooperativas responden mayoritariamente a intendentes del Justicialismo a quienes la CTA no les importa demasiado y que ahora festejan con Moyano cada vez que Yasky y Micheli se trenzan por la radio. Aún cuando falte todavía saber con certeza el nombre del nuevo Secretario General está claro que para aquellos que la CTA ha sido desde su creación un espacio de lucha y una referencia, el sabor que queda es más bien amargo en especial porque ya desde antes que se empezara a votar se hablaba en potencial de rupturas futuras y ahora, las denuncias de fraude, las impugnaciones y la incertidumbre, han transformado un fuerte y ríspido cruce democrático, en un espectáculo bastante triste. Hoy existe en el aire la sensación de que en estos años la CTA ha perdido parte de su poder de convocatoria y su mística, no solo por el más reciente alineamiento con el gobierno nacional sino porque desde hace tiempo que hay dirigentes que metieron la pata hasta la rodilla y jamás se les escuchó pronunciar ni media autocrítica. A pesar de eso creo que todavía hay un espacio para la esperanza porque la Central ha demostrado más de una vez que ha podido plantear metas que iban mucho más de la coyuntura, instalando temas en la sociedad que eran urgentes, como el rechazo al ALCA, la lucha contra la pobreza (FRENAPO) o la Asignación Universal por Hijo. La CTA nació para ser incómoda al poder, para tener proyectos y programas que excedieran por lejos la reivindicación gremial y -como toda organización popular que se precie de tal- para confrontar y organizar en favor de un país más justo. Si se logra mantener ese espíritu seguramente la presente crisis podrá ser superada con éxito y con un plus: habrán quedado claras las diferencias que existen en su seno y se fortalecerán las herramientas para dirimirlas.

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