EL RESENTIMIENTO

Publicado en por LA MILITANCIA

 

(*) ORLANDO BARONE

Hay un viento político de resentimiento que alborota y produce desconcierto. Y sopla en la política y en los medios más que en la sociedad que aquellos representan. Fue el filósofo Nietzsche quien primero explicó el resentimiento a través “de la reacción de seres a quienes les es negada la reivindicación y entonces juntan un permanente odio imaginario”. El resentimiento a que me refiero en nuestra oposición política no es precisamente el de los desvalidos. Más bien su estatus es opuesto. Y aunque no es masivo es potente, porque potentes son algunos de los intereses y protagonistas que lo cultivan. Son los que lo impulsan desde distintos flancos, siendo el del flanco izquierdo el más inesperado y doloroso. El resentimiento es un sentimiento rabioso que se explica como “el odio impotente contra lo que no se puede ser o no se puede tener”. Tiene algo de envidia. Paradójica o curiosamente el origen y destino de ese resentimiento es el gobierno. Un gobierno popular y democrático. Mediador en un país de contradicciones graves, propiciador de la justicia de los Derechos Humanos, de la inclusión laboral y de las plenas libertades. Ningún milagro y nada extraordinario, si se es exigente ; pero al menos es a lo que básicamente aspira una sociedad que busca mejorarse con transformaciones paulatinas que causen el menor daño a quienes son más vulnerables. ¿Por qué la oposición está tan furiosa y resentida como si tuviera enfrente a los gurkas de Malvinas, a aquella junta de comandantes del exterminio, a las tres A, a aquella maldita policía y a Alí Babá y los cuarenta ladrones? Curiosamente se trata de un gobierno estable y sustentable; normal si no se quiere ser generoso; y con una presidenta en gestión incesante interna y externamente.
Y que es capaz de asumir sin transgredir las leyes- e incluso ablandándolas- piquetes, huelgas, bloqueos, marchas de cualquier razón o sinrazón. ¿Cuál es la urgencia y emergencia del Congreso de tratar de drenarle el gobierno, de vaciarle sus facultades, de reducirle su capacidad de gestión pública y de tentar al fantasma de repeticiones amargas? ¿Por qué instigar al Poder Ejecutivo al veto, a la demagogia o al default? Es como si con tal de horadarlo no importara el devenir próximo. Quienes nunca tuvieron la mínima caja y no pudieron evitar el colapso y la exclusión, ahora quieren la caja que consiguió enriquecer este gobierno. Y prometen paraísos de equidad cuando se nota que solo están entrenados con la mano derecha. Una oposición así solo se funda en el resentimiento. La reciente fiesta del Bicentenario no reflejó lo mismo. Al contrario, mostró a una sociedad en su mayor parte aligerada de rechazos y de odios. No se entiende cómo políticos discordantes entre sí, algunos con ideas lógicas a la actualidad latinoamericana y otros con ideas de equidad, enfrentan al gobierno como si fuera una dictadura del mal. Cómo se unen y con qué ética, izquierdos y derechos, si se desconfían y se sospechan mutuamente. Los aumentadores son conscientes de que el 82 % no va a prosperar, pero igual especulan con causar algún daño al gobierno mientras arrebatados de justicia social presumen seducir a jubilados propensos. Se amontonan con tal de cuantificar un mismo afán de sopapa disimuladamente destituyente. Cuesta creer que el teatro mediático y corporativo los mantenga cautivos y que su única posibilidad de existencia sea la de ser protagonistas de los medios haciéndose la ilusión de que son protagonistas populares. Se dejan usar ya sin complejos. Y pactan hasta con el enemigo ideológico porque no soportan el rencor al Gobierno. El resentimiento de derecha es al menos justificable, porque la derecha no es feliz cediendo ganancias al Estado. Pero el resentimiento de izquierda potenciando al de la derecha es ingrato. Por no decir triste.

Carta abierta leída por Orlando Barone el 19 de Agosto de 2010 en Radio del Plata.

FUENTE : http://orlandobarone.blogspot.com

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