EL KIRCHNERISMO es algo superador del peronismo

Publicado en por LA MILITANCIA

POR IVÁN SCHARGRODSKY
Reportaje a SANDRA RUSSO

Sandra RussoSandra Russo recibió a Política Argentina, en el marco de su ida de Radio Nacional, por diferencias con su directora, María Seoane. En el encuentro, la panelista de 678 se refirió, con nombre y apellido, a todos los actores de la política vernácula, confesó que no confía en Proyecto Sur –“no les creo nada”, recalcó”- y, además, adelantó algunas aristas del libro que escribirá sobre la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner.
 

Es la única panelista inobjetable de 678 y una histórica en Página/12. Reconocida por propios y extraños, es una de las periodistas más prestigiosas del país. Angustiada por su ida de Radio Nacional, por diferencias con las autoridades, Sandra Russo mantuvo un encuentro con Política Argentina, en el que analizó el proyecto del oficialismo nacional, sus defectos, los Gobiernos populistas de América latina y, entre otras cosas, el libro que escribirá sobre la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

-¿Qué le falta a este modelo para dejar de ser una variante del peronismo y pasar a ser un proceso autónomo?
-Creo que, de algún modo, el kirchnerismo es algo superador del peronismo, pero no me parece que esté próximo ni me puedo imaginar ahora una manera de que lo evite. Creo que se está haciendo una relectura de lo que fue el peronismo, y es una lectura más completa que incluye revisitar lo que fue la Revolución Libertadora. No se puede analizar al peronismo, sin pensar lo que fue la Unión Democrática, o en las fuerzas que siempre lo trataron de aplastar, porque eso también formó parte de la dialéctica argentina, y lo estamos viendo de nuevo hoy. 

-¿Y esta metamorfosis, el kirchnerismo, si así lo quisiera, podría lograrla condicionándose con sectores como el de Martín Sabbatella, un ala del socialismo, o esa alianza ya es imposible que se ejecute?
-Somos un montón los que estamos apostando a ese camino. O sea, a mí no me interesa un kirchnerismo pejotizado en el sentido tradicional. Tampoco me parece que necesariamente haya que renunciar a la identidad peronista, que es el núcleo duro del kirchnerismo. Los Kirchner pertenecen a un sector del peronismo que siempre estuvo a favor de la discusión política y no de la lucha armada, pensando o previendo, que eso iba a terminar en lo que terminó: que no podían ganar. Ahí se distinguen dos líneas bastante fuertes en la política argentina y no sólo en el peronismo: los que tienen de verdad vocación de poder. Y hay otra gente, como por ejemplo la izquierda argentina o la derecha de (Elisa) Carrió, que no tiene vocación de poder; construyen, se diferencian, logran tener una identidad, pero después se dividen. Ése es el clásico de la izquierda argentina. Hay muchos bloques de dos, tres, cuatro personas, que no quieren cosas demasiado diferentes, pero cada uno quiere ponerle un sello personal.

-Egos.
-Sí, son egos, es una cuestión sectaria, y además, para mí también hay una cuestión en ese análisis que es muy compleja, y tiene que ver con que si hay millones de personas convencidas de algo, hasta ontológicamente les parece que no se pueden sumar a eso, que tienen que proponer otra cosa. Es una visión opuesta a la que tenemos otros, que creemos que cualquier cosa buena es posible, solamente articulando, que es la clave ahora. He escuchado a (Néstor) Kirchner hablar, casi teóricamente, de un colectivo nacional y popular que hoy puede conducir el kirchnerismo desde el peronismo, pero dentro de uno o dos mandatos puede estar conducido por (Martín) Sabbatella, depende cómo evolucione cada liderazgo. Eso sería lo deseable, que se geste una identidad fuerte nacional y popular, que no necesariamente tenga la impronta peronista.

-¿La clase media tiene un error conceptual al no distinguir  popularidad de prestigio?
-Lo que sucedió en los años en que se empezó a conformar la hegemonía mediática fue que nació la videopolítica, y el primer político que la usó fue (Carlos) Menem.  Ésa es una de las grandes explicaciones del menemismo. Lo hechizada que estaba la sociedad argentina, que pudo darse cuenta y asquearse del menemismo, pero no cuestionar sus políticas, porque sino el electorado no hubiese aceptado que pusieran a Domingo Cavallo como ministro de Economía de De la Rúa. Y no hubiésemos llegado al 2001. Evidentemente, hubo resortes de racionalidad en la sociedad argentina que se mantuvieron obturados por los medios de comunicación. Menem quedó como que era un tipo excéntrico que tenía patillas y que era un grasa. Y después vino la Alianza que era gente con traje que había terminado la universidad; pero las políticas eran las mismas. Ese debate nunca estuvo, porque los medios no le dieron lugar. Hoy se están dando muchos debates en 678, por ejemplo, y la gente que sigue el programa los tiene presentes simplemente porque se abrió una ventana a temas que eran absolutamente tabúes  y que estaban afuera de la agenda de los medios. Esto es lo que tiene de irritante 678

-Justamente. ¿El debate que se dio con Robert Cox, Eduardo Aliverti y Ricardo Forster, no da lugar a vislumbrar que en Argentina se debate poco y que oficialistas y opositores deberían sentarse más a discutir ideas?
-Seguro. Lo que pasa es que nosotros tenemos un problema que es que se han hecho decenas de invitaciones, y no vienen. Porque tenés que tener presente que ellos están acostumbrados a dialogar con periodistas que no trabajan de tales. Nunca hay una repregunta ni una pregunta incómoda. Se ha invitado a gente de la UCR, de la Coalición Cívica, de Proyecto Sur. 

-Proyecto Sur es un caso diferente al resto
-Pero también es difícil discutir con Proyecto Sur, porque es complicado debatir con alguien que te subestima de antemano. Entonces ahí ya no hay paridad, y un debate requiere mutuo respeto. La lectura que hacen ellos de la realidad argentina es subestimadora del kirchnerismo y de los kirchneristas. Entonces, si vos estás hablando con alguien que dice que el kirchnerismo es la continuación del menemato…bueno, por supuesto que eso da pie a un debate, pero es jodido; de ahí salió la canción de (Carlos) Barragán Somos boludos. Es difícil discutir de entrada con alguien que te trata de boludo; de que vos no te estás dando cuenta de algo que ellos sí. Las disidencias entre los sectores progresistas tienen que ver con cuándo hacer las cosas; en los objetivos estamos más o menos todos de acuerdo. Por ejemplo, el 82 por ciento móvil en sí mismo es deseable, pero el tema es cuándo y cómo hacerlo. 

-Es cierto que el proyecto de la CC y el pejotismo disidente no dice absolutamente nada sobre el financiamiento, pero el de Pino Solanas y Claudio Lozano, sí.
-Sí, pero no se ponen de acuerdo en los números. Faltan 20 mil millones. Es lo mismo cuando (Víctor) De Gennaro dice que hay dos millones de chicos sin cobertura de la Asignación Universal por Hijo. Le pregunté a (Diego) Bossio y me dijo que ellos no tenían esas cifras. Posiblemente ahí sí esté el error del Indec y la falta de estadísticas oficiales que da pie a que te tengas que comer que alguien te diga que tenés dos millones de personas, que vos no sabés dónde están ni de dónde las sacaron. Además, uno tiene la presunción que tampoco la izquierda lo está haciendo porque le interesen los jubilados, porque si así fuera no hubiera hecho alianza con el Grupo A. Ya, a partir de ahí, desconfío de todo lo que dice Proyecto Sur. No les creo nada.

-¿No es un error político que el Gobierno responda con la misma virulencia  a los ataques de Proyecto Sur, cuando los votos de ese espacio pueden ser vitales en un eventual ballotage?
-Es lo que hablábamos hace un rato. Cuando Kirchner fue a 678 se dirigió a Pino y le dijo: “Acá tiene que haber un colectivo. Eventualmente lo conducirá una fuerza, después puede hacerlo otra, pero lo importante es distinguir la paja del trigo”. Al principio aparentaba que queríamos cosas similares, pero ellos ven otra película.

-¿Pero es realmente una lectura diferente o el espacio de Solanas, del GEN, no reconocen los logros por una ambición de poder?
-No, creo que hacen otra lectura. O sea, no es que no acepto la idea del narcisismo, no hay otra explicación. Que Pino esté diciendo que en las paredes del país está escrito su nombre para que sea candidato a Presidente solamente puede ser producto de un ego descentrado. Yo ahora estoy muy pendiente del tema de Jujuy; Proyecto Sur no existía hasta hace dos meses allá. Ahora llegó y lo tomaron como referente al “Perro” Santillán, que dice que Milagro (NdeR: Sala, líder de la Túpac Amaru)  es una mina violenta: el mismo discurso de Gerardo Morales. Eso es Proyecto Sur en Jujuy; se están preparando para una guerra fea y con gente que ha luchado junta.

-¿Es una formadora de cuadros la Túpac?
-Sí, absolutamente. La CTA es una formadora de cuadros; Milagro se formó ahí.

-¿Hay un machismo enquistado en sectores de la oposición que se presumen republicanos, en relación con la figura sexuada de la “Presidenta sexy”, como la definió Juan Carlos Volnovich?
-Sí, con la figura sexuada de la Presidenta y con la figura asexuada de Milagro, porque el problema viene con que es una india andrógina, que es muy masculina. Entonces no hay manera de resolverlo. Las mujeres somos los agentes transmisores de ese mandato patriarcal. Hay muchas mujeres –Margarita Stolbizer, (Elisa) Carrió- que han dicho que la Presidenta les da vergüenza de género. Porque si es un referente para Lula (Da Silva), (Rafael) Correa, (Hugo) Chávez, (Pepe) Mujica, no entiendo de dónde sale esa vergüenza. Es desde su propia impotencia; y eso no se llama vergüenza de género, se llama envidia.

-¿Es posible que un proceso que produce transformaciones no sea contradictorio?

-No, creo que ningún colectivo grande puede evitarse las contradicciones. De hecho yo me estoy yendo de Radio Nacional, porque no me quieren. Y trabajo en Canal 7, porque me metió una productora privada, porque a mí, en 2008, me echaron. Entonces, a mí los medios públicos kirchneristas me han tratado como el culo. Si yo confundiera el proyecto con los funcionarios –como hace Pepe Eliaschev-, pensaría que éste es un proyecto de mierda, por cómo me fue a mí. En 2008 no tuve trabajo ni en radio ni en televisión, mí relación con el 7 terminó muy mal; tuve que pedir en la Secretaría de Medios que me tuvieran en cuenta para la radio. Hicimos un muy buen programa el año pasado, con El nombre de las cosas, pero este año llegó María Seoane, a quien no le caigo simpática. Primero me dijo que me quería sacar de la grilla diaria, después me sacó toda la producción, me desarmó todo el equipo. Por eso me voy de la radio. Ésa es una de las contradicciones del proyecto, también. Porque, la verdad, no es un exceso de autovaloración, pero si no quieren tenerme están un poco confundidos, porque no hay mucho para elegir en figuras periodísticas conocidas, que tengan mucho rebote con la gente. Y sin embargo no me quieren ahí. No toda la gente es buena y no todos los proyectos son de diseño; se hacen con lo que hay, que no siempre es bueno, pero hay que bancársela.

-Es muy extraño lo que me cuenta.
-Sí, es feo, a mí me produce mucha angustia. Pero ya firmé con Sudamericana el libro nuevo, que es la vida de Cristina, así que de paso me viene bien, porque necesito mucho tiempo para hacer ese libro.

-¿Será algo así como el “Cien horas con Fidel”, de Ignacio Ramonet?

-Eso se irá viendo, pero la propuesta editorial es una especie de biografía, pero temática. Tendrá algo de la historia de su vida, pero pero desviándonos a lugares que a mí me importan mucho, como los debates en los ’70, sobre la lucha armada y la política; sobre la femineidad; sobre ser esposa, madre, Presidenta. Y cosas que me interesan a mí hablar, que creo que el Gobierno no entiende todavía, como lo plurinacional, lo pluricultural. No han captado la importancia del concepto de la plurinacionalidad. Y si nos vamos a integrar a America latina, me parece que tenemos que empezar a agilizar un poco eso. 

-¿Cree que lo de Honduras fue una prueba piloto? Porque si bien se condenó, el régimen, con matices, sigue en el poder, y ahora peligra la estabilidad democrática de Fernando Lugo en Paraguay.

-Sí, absolutamente. Creo que es un globo de ensayo, así como la UNASUR lo fue también, para ver cómo se frenaba el golpismo blanco. La derecha norteamericana sabe que no puede reeditar la década del ’70 con las dictaduras militares en América latina, porque las condiciones son otras y, entre otras cosas, porque los militares de ahora son muy distintos a los de los ’70. También fijate que alguien como (Robert) Cox, que es un demócrata, puede ver más dictadura en Venezuela que en Honduras, cosa que a mí me parece increíble. 

-Esto que se recordaba: Chávez tuvo 26 plebiscitos ratificatorios.

-Absolutamente. Lo que tenemos que discutir es a qué le llamamos democracia, porque normalmente se le llama a la alternancia entre el peronismo y el radicalismo, y eso es lo que ha permitido que gobierne (Héctor) Magnetto. Ante esta situación que estos Gobiernos populares buscan perpetuarse en el poder, que es lo que está diciendo todo el mundo, pasan de largo que hay mayorías que los votan. A mí me parece natural que quieran tener cuatro o cinco mandatos consecutivos, porque son procesos estructurales. Además, han ampliado tanto la ciudadanía         –como por ejemplo los dos millones y medio de jubilados que se incorporaron con este Gobierno- que es lógico que quieran seguir votándolos, porque saben que con los otros, no es que les hubieran bajado la pensión, ni siquiera hubieran sido jubilados. Eso es natural y es legítimo; forma parte del juego democrático: hago bien las cosas y me volvés a votar. 

-¿Es positivo que existan gobiernos más conservadores, como pueden ser el de Juan Manuel Santos o Sebastián Piñera, para que las sociedades entiendan cuáles son sus políticas  o sería mejor que Sudamérica lograra una homogeneidad de espacios?
-A mí me parece fantástico, porque es una lección para la derecha argentina, que se puede ser de derecha y democrático; que ser de derecha no significa ser golpista o disculpar que hayan tirado gente viva al Río de la Plata. Eso no es ser de derecha, es ser un hijo de puta. Entonces, la derecha argentina tiene que aprender a jugar políticamente y que si pierde ahí, ya está. Y se tiene que ir al Congreso a los escaños que le tocan. (Sebastián) Piñera le negó el indulto a la Iglesia, porque esa derecha chilena sabe que no ayudaría a consolidar la democracia. Acá tenemos a (Eduardo) Duhalde diciendo que quiere un país para el que quiere a Videla y para el que no lo quiere. Eso no es ser de derecha, es ser canalla. 

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